
Parece que la presión sobre Google no hace más que aumentar. El Departamento de Justicia de EE.UU. (DoJ) ha vuelto a la carga con su propuesta de desinversión, insistiendo en que la compañía debe desprenderse de su navegador Chrome. Y es que, como quien dice, la historia viene de lejos.
El pasado viernes, el DoJ presentó una nueva propuesta en el marco de su demanda antimonopolio contra Google. Esta no es la primera vez que las autoridades ponen la lupa sobre la empresa por su dominio en el mercado de las búsquedas en línea. De hecho, en noviembre del año pasado, ya se había planteado la posibilidad de que Google se viera obligada a vender Chrome, todo como parte de las medidas para frenar sus supuestas prácticas anticompetitivas.
Desde que un tribunal determinó que Google tiene un monopolio de búsqueda, los reguladores han estado analizando qué pasos tomar para equilibrar la balanza. Y aunque algunos esperaban que con el regreso de Donald Trump a la presidencia las cosas se suavizaran, lo cierto es que el DoJ sigue firme en su postura. Ni siquiera el hecho de que Google donara un millón de dólares al fondo de inauguración de Trump o que algunos de sus ejecutivos hablaran bien de él parece haber cambiado el rumbo de los acontecimientos.
En su más reciente documento, el DoJ califica a Google como un “goliat económico” y acusa a la compañía de llevar a cabo una “conducta monopolística ilegal y no controlada”. Según los reguladores, el control de Google sobre Chrome le otorga una ventaja indebida en el sector de las búsquedas, haciendo que los usuarios dependan en exceso de su motor de búsqueda.
El argumento del gobierno es claro: si Google se ve obligada a vender Chrome, otra empresa podrá gestionar el navegador sin estar atada a los intereses del gigante tecnológico. La idea, al menos sobre el papel, es fomentar la competencia y evitar que una sola compañía tenga el poder de decidir cómo accede la gente a la información en Internet.

Eso sí, aún queda por ver qué decidirán los tribunales y cómo responderá Google a esta creciente presión. Lo que está claro es que la batalla está lejos de terminar y que, en el mundo de la tecnología, las cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos.


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