
En octubre del año pasado escribí un artículo que para muchos sonó a despedida, o al menos a un «punto y aparte». En «Creo que me voy de Apple, al menos durante un tiempo», compartía mi desencanto y la necesidad de buscar otras alternativas tecnológicas. Sin embargo, si algo nos enseña la tecnología —y la vida— es que las necesidades cambian, los contextos se transforman y, a veces, para avanzar hay que regresar a la casilla de salida.
Hoy escribo esto desde un flamante nuevo iMac, cerrando un círculo y volviendo exactamente al punto donde empezó todo. ¿Qué me ha hecho cambiar de opinión de forma tan radical? Principalmente, dos factores: un cambio profesional y una conversación de pasillo con mi hijo.
El fin de la portabilidad obligatoria
El principal motivo que en su día me alejó del escritorio fijo fue la necesidad de movilidad. Reuniones, viajes, trabajar desde cafeterías… el ecosistema portátil era imprescindible para mí. Pero las cosas han cambiado. Recientemente he empezado un nuevo trabajo donde la dinámica es completamente diferente: ya no necesito ir con el ordenador a cuestas a todas partes.
Al desaparecer la obligación de la portabilidad, el abanico de opciones se volvió a abrir. ¿Realmente quería seguir atado a la pantalla pequeña de un portátil, a estar pendiente de la batería y a conectar cables cada vez que llegaba a mi mesa? La respuesta era un no rotundo. Quería comodidad, potencia visual y un espacio de trabajo limpio.
La gota que colmó el vaso: «Papá, necesito un portátil»
A pesar de saber que ya no necesitaba moverme, seguía en esa inercia de «mantener el portátil por si acaso». Hasta que hace unos días, mi hijo entró en la habitación y me comentó que necesitaba un ordenador portátil para sus estudios y proyectos.
En ese momento se me encendió la bombilla. Fue la señal definitiva, la gota que colmó el vaso para tomar la decisión que llevaba tiempo rondando mi cabeza. En lugar de meterme en una nueva compra para él, la solución perfecta estaba delante de mí: él heredaría un portátil fantástico al que iba a sacar un provecho enorme, y yo tendría la excusa perfecta para resetear mi configuración tecnológica.
Profecía autocumplida: la razón de Víctor Barbero
En uno de los últimos podcast que grabamos, cuando planteé mis dudas sobre el ordenador de Apple, mi compañero de AppleX4, Víctor Barbero (@vbappleworld), soltó una de esas verdades absolutas que se te quedan grabadas a fuego:
«Todo el que se va de Mac, al año o quizás antes, vuelve».
En su momento lo escuché con cierto escepticismo, convencido de que mi caso sería diferente. Qué equivocado estaba. No ha hecho falta que pase ni un año para que sus palabras se conviertan en una profecía autocumplida. Al final, el ecosistema, la fluidez y esa forma tan particular que tiene Apple de hacer las cosas te acaban llamando de vuelta.
El regreso al «todo en uno»
Volver al iMac ha sido, en cierta manera, como regresar a casa. Volver a esa filosofía del «todo en uno» que Apple clavó desde el primer Macintosh y que perfeccionó con el diseño de aluminio. Una sola pantalla impresionante, un solo cable a la corriente, y una potencia brutal en el escritorio sin ocupar espacio.
Aquel artículo de octubre no estaba equivocado; respondía a lo que sentía y necesitaba en ese momento exacto. Pero la tecnología debe estar al servicio de nuestra realidad actual, no de nuestros hábitos pasados. Hoy, mi realidad me pide estabilidad, una pantalla grande y un flujo de trabajo fijo.
He vuelto a la casilla de salida, sí, pero con la certeza de que este es, de nuevo, mi sitio. Tenías razón, Víctor.
Preguntas frecuentes
¿Por qué has vuelto al iMac después de plantearte dejar Apple?
Por dos motivos muy concretos: un cambio profesional que me ha quitado la necesidad de moverme con el ordenador y que mi hijo necesitaba un portátil para sus estudios. Las dos cosas encajaron al mismo tiempo y la decisión vino sola.
¿Qué pasó con el artículo en el que decías que te ibas de Apple?
Aquel artículo respondía a lo que sentía en ese momento concreto. No me arrepiento de haberlo escrito. Lo que ha cambiado es mi contexto, y la tecnología tiene que adaptarse a la realidad actual, no a la de hace seis meses.
¿Crees que la frase de Víctor Barbero se cumple siempre?
No me atrevo a afirmarlo de forma categórica, pero sí reconozco que en mi caso se ha cumplido antes incluso de que pasara un año. El ecosistema Apple tiene una forma de atraparte difícil de explicar hasta que la vives.
¿Por qué iMac y no un Mac mini con monitor?
Buscaba esa sensación de «todo en uno» que solo el iMac da. Una sola pantalla, un solo cable, cero complicaciones. El Mac mini es una bestia, pero quería volver justo al diseño que me enganchó al principio.
¿Volverías a salir del ecosistema Apple en el futuro?
Nunca digas nunca. Si mi situación profesional o personal cambia otra vez, lo replantearé sin problema. Lo que tengo claro es que hoy, con lo que necesito ahora, Apple vuelve a ser la respuesta.

